La residencia es un concepto de difícil definición; la legislación habla de “residencia efectiva” y esta suele ser de 180 días. El concepto legal que reviste más interés para entender lo que es residir en otro lugar es el de “ánimo de permanencia”. Lo anterior implica la intención de establecerse de forma estable, lo que equivale en términos románticos a tatuarte el nombre de tu pareja en el antebrazo.

Para aclarar los conceptos anteriores, nada mejor que un ejemplo clasista, desconsiderado y recurrente, de allá en la década de los 80 del siglo pasado. Y dice así:

La felicidad de un hogar de clase media dependía del ánimo de permanencia de la que se conocía como “muchacha”, “sirvienta“ o “criada”. Cada fin de año, la que ahora escasea y se denomina “trabajadora doméstica” tomaba sus vacaciones como una graciosa y arriesgada concesión por parte de la patrona. Una legión de sirvientas partía con destino a sus lugares de origen para disfrutar junto a familiares y amigos de las fiestas decembrinas. Las patronas en pleno sufrían días de angustia al temer lo peor: que las muchachas en cuestión decidieran no regresar a trabajar bajo su mando. Para las “mamás de tiempo completo”, los años iniciaban con presagios oscuros donde cabía la posibilidad de que la sirvienta no regresara a cubrir las labores domésticas. Las patronas, conscientes del esquema de explotación a su mando, aligeraban la carga de trabajo doméstico contratando una segunda sirvienta, estableciendo horarios laborales y llegando al extremo de instalarles un pequeño televisor en su cuarto, todo en vías de convencerlas de regresar a su trabajo de tiempo completo. En aquellos años, la gran mayoría de las sirvientas regresaban de sus pueblos. Las amas de casa que se quedaban sin muchacha eran sujetas a juicio de sus similares al suspender la pregunta en el aire de: “¿Qué le habrá hecho a la muchacha mi comadre, para que no se haya quedado?”. En varias ocasiones, escuché a las señoras ricachonas reprochar la falta de ánimo de permanencia de sus sirvientas fugadas al decir: “La ingrata llegó en los puros huesos de su rancho, se regresó irreconocible de lo gorda que se puso”.

La comparación es limitada, pues no es lo mismo tener ánimo de arraigo en Manhattan, Nueva York, que tenerlo en Puerto Príncipe, Haití. Lo que sí recrea la historia de las muchachas ochenteras es el ánimo de arraigo que despierta andar de turista en las calles de París comiendo crepes, en contraste con el firmar un contrato de arrendamiento por tres años en una favela de Río de Janeiro, Brasil.

Visitar un lugar no equivale a residir en este; el primero se hace por placer y es temporal, y el segundo es con fines de arraigo y es permanente. En el primer supuesto, uno paga por estar ahí y en el segundo te pagan por quedarte. Y sí, existen lugares de tal hostilidad que aun y cuando te paguen por vivir ahí, no logras arraigarte.

Descubrir la cultura de un lugar determinado toma tiempo y, dependiendo de la capacidad cognitiva de la persona, solo se logra después de al menos nueve meses de estancia permanente. ¿Por qué nueve y no doce meses? Porque este es un blog y no una tesis doctoral. El que no esté de acuerdo con mi estimado, le pido de favor viva nueve meses en un lugar ajeno y que ponga sus comentarios en la sección dedicada al final de esta entrada, o mejor aún, que haga su propio blog y desarrolle una ecuación para resolver la incógnita tiempo-residencia.

Dicho lo anterior, el mejor método para apreciar lo bueno y lo malo de nuestra cultura mexicana es residir en otro país, y si dicho país es menos desarrollado que el nuestro, mucho mejor.

 

One Comment

  1. sofipuntocom

    Buenísima la combinación de contenido informativo, anectodas personales y humor que solo puede provenir de mi padre, una mezcla sarcastica y ligera. Hasta puedo escuchar la risa al final de cada chiste, y eso en parte me hace disfrutarlo más.

    Dicen que escribir como hablas es el primero error en la redacción, pero en la manos correctas se vuelve un gozo de leer. Siento que estoy sentada en la sobremesa escuchandote irte por una tangente, y las ganas de interrumpirte con mi propia opinión no me faltan. Felicidades, papi: por fin después de recidir con tres mujeres que no te daban la palabran, ahora ya la tienes.

    Me encanto tu primera publicación! Aunque, no hubo mensión de michis, entonces le tengo que dar cuatro estrellas.

    estrellas: ⭐️⭐️⭐️⭐️
    frases favorita: “…lo que equivale en términos románticos a tatuarte el nombre de tu pareja en el antebrazo.” / “…¿Por qué nueve y no doce meses? Porque este es un blog y no una tesis doctoral.”

    Tu fan #1,
    Chofi.

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